Mi foto
MundosInsolitos
Ver todo mi perfil

Seguidores

lunes, 23 de agosto de 2010

Manila, sin Leyes ni Reyes


Se aproxima la noche y el sol se desvanece como cada día frente a Manila. Sus últimos rayos oblicuos tiñen la atmósfera con una gama de rojos preciosos. Transeúntes despreocupados deambulan por el paseo buscando el fin de la jornada.

Farolas multicolor adornan un malecón en armonía con sus sombras. Manila no es una de las ciudades más pulcras, y la construcción desmedida no respeta costas, paisajes o el verde que crea sosiego. Los residuos son un problema y ni el más audaz de los peces, pasado de copas, se atreve a entrar en la bahía. En el sitio del mundo más superpoblado, es difícil, identificar el agua con el color celeste cuando los ojos la reconocen negra.

En el mundo los problemas creados por el tráfico se multiplican y de esa situación tampoco escapa la capital Filipina. Incluso si fuese un hormiguero, tendría más sentido. La vida es injusta y no hay habitaciones para todos. Sin recursos y con un promedio de seis hijos por familia, hay que saber acomodar en algún sitio los huesos.
Entre los decadentes están los que se hicieron un espacio en el cementerio, no para morir, sino para vivir entre los muertos. Los que no consiguieron ni tan siquiera eso, son nómadas urbanos, que durante las horas de luz recorren las calles en busca de algo… hasta que les sorprende la noche. Entonces exhaustos imaginan su vivienda y duermen en una acera hasta el nuevo día.

Ver a los niños pedir, es duro, entender cómo sobreviven en esas condiciones imposible. Una familia, un ejemplo, a cada paso hay cientos. Un jovencito, descalzo, demacrado y muy sucio se acerca a un forastero con un vaso de plástico, en la mano, unas pocas monedas reposan en el fondo, pero son tantos que necesitarían una donación de un banco. La gente que tira hacia adelante, por decirlo de alguna manera, en esas condiciones, peleará en dos guerras, contra la miseria de día y contra ratas de noche.

Una noche, por esas latitudes, mis ojos captan una escena, un cuadro de tristeza que nada, ni nadie podrá quitar de mi galería. Porque yo quiero que esté presente en mi mente, hasta que el mundo cambie, hasta que todos tengamos mejores posibilidades. ¿¡Qué iluso!? Tres de la madrugada, el bebé despierta y rompe en sollozo, la criatura estaba apoyada en la acera, todos dormían y ella despierta. No me atrevo a decir que tenía tres años, muy poco pesaba. No se pone de pie, por el suelo llega al recién nacido y sin protesta alguna, lo levanta con esfuerzo y de rodillas entre sus brazos lo acuna.

A pocos metros de aquí, bares, discotecas a rebosar de residentes y turistas que los frecuentan. Otra situación, otra realidad, alcohol y prostitución, en esto hay que decir que el mundo es un tablero y los cuadros son todos los mismos. En barrios como Malate, todos los días son sábado y cascadas de cervezas riegan en continuidad las barrigas. Parte de la sociedad está inmersa en un mecanismo, en época de vacas flacas, siempre, las muchachas que hacen la vida reinvierten sus beneficios con la esperanza de que entre bebida y bebida aparezca una buena presa.

La noche irradia cierto tono de frescura y locura. Los complejos quedan ocultos en una ciudad en la que todo vale, en la que todo es posible por un precio. Un amigo me dijo: “¿Y tuviste que ir tan lejos para averiguar eso? Es que aquí sobrepasa los límites. Está aclarando llegamos a un bar de la calle y vemos a bandas de mendigos desplegando trucos y mercadeo variado. Recorren las terrazas y se aproximan a la mesas.

Pequeñas a distancia de hacerse señorita se aproximan a los blancos, así le llaman a los venidos de América o Europa. Ellos pasados de copas, ellas les acarician el cabello, le entregan miradas y buscan ser cazadas como ovejas, cuando con su edad, a esa hora de la madrugada debería estar en la cama para mañana despertar e ir a la escuela. ¿A qué escuela van esas niñas y los miles que ellas representan? ¡Qué escenario! No estudian pero alguien ha hecho escuela en ellas, persuadir a su objetivo, significa ayudar a su familia. Con los muchachitos más de lo mismo, dinero por…

Una muralla, un fuerte, edificios coloniales y la iglesia son la esencia de la vieja guardia. La ciudad es un ir y venir de contraste, el colorido, la oscuridad, la belleza, la tristeza, el amor, el desprecio. Todas estas situaciones crean un cóctel de sensaciones, una droga capaz de hacer interesante a Manila. Del infierno al paraíso, sin fronteras, dentro de la ciudad hay otra ciudad: Makati, corazón financiero, cultura y glamour en un sitio distinto. Las torres llegan al cielo y las flores visten los parques, los jardines y los balcones. La vida, es blanda o es dura, la gente actúa, Manila es un escenario importante y el show debe continuar.

Amanece un nuevo día, la tenue luz ilumina las pupilas de los niños que acaban de despertar de su incómodo letargo. La esperanza asoma en sus ojos. Un cambio de suerte, un golpe de fortuna, un brillo resplandeciente, un distinto amanecer,... Algo que resulte un cambio positivo puede darse hoy, puede darse siempre.
miércoles, 11 de agosto de 2010

El Paraiso existe


Permitirme que entre en juego con vosotros. Gracias por hacerlo, no os preocupeis, al final voy a revelar el nombre del sitio. De momento partimos de un punto del Paraíso, se llama Coco-Mangas y es, increíblemente, divertido. Superior a asistir a un teatro para ver una buena comedia. Lo bueno es que la función, por cierto, rica en sorpresas, cada día es distinta. Podríamos decir que la forma exacta de llamar a un sitio de esas características es: “Disco Bar”. Está ubicado a pasos de la que con justicia llaman la playa más bella del mundo.

La zona es rica en estructuras de óseo, las hay más bonitas, mejor ubicadas, con música en vivo y espectáculos. Pero Coco-Mangas se lo lleva todo, porque su espíritu es puro y su sabor genuino. El sitio es especial y el visitante palpa el inicio del gran premio antes de ver los bólidos. En la misma calle, hay un hotel alojamiento para corto tiempo y por si a esa situación  le faltase condimento, en la recepción de este establecimiento, un escalón arriba de modesto, hay una nota donde se lee: “Se aceptan todo tipo de parejas, tríos y personas hasta el número que indique por ley la capacidad de la habitación”. Coco-Mangas es un punto importante, en un universo distinto. Por aquí, globos aerostáticos y helicópteros siempre están disponibles para ofrecernos un paseo. En este caso yo prefiero el Montgolfier, subir conmigo.

Es un placer dar un paseo con vosotros. Agárrense fuerte, siempre es así la primera vez en los primeros metros. ¿Ya estais mejor verdad? Lo sabía. Veis, el punto se empequeñece y el panorama se agranda. No amigos, no estamos soñando. Es real, es un privilegio de dioses de este planeta. Son siete kilómetros de longitud por menos de un kilómetro de anchura, aquella extensa línea de costa que ven sobre la derecha, pertenece a White Beach, (Playa Blanca), es lo más parecido a como un hombre sin vocación religiosa cree que es el Paraíso. Una avanzada de palmeras despunta sobre la arena blanca y saluda a las aguas, que con la alta marea llegan a tocarla. Entre los cocoteros se hace camino, puestecitos de souvenirs colman de color el paseo. Su especialidad son las perlas, las joyas son las personas. La primera línea de edificaciones es la corona de la princesa; cafeterías, sitios de Spa, lugares de copas y tiendas exclusivas. Mirar el mar por allí eriza los cabellos, quien observa los azules, que llegan sobre el blanco, siente la energía del océano. Cada vistazo, cada paseo, es un gozo, la playa te recibe y te pregunta si buscas relax o movimiento, después te acomoda y estás servido.

Cuando el Sol se va a la cama, lo hace mostrando su arte, el mar y el cielo, sus dos grandes amigos, le preparan su belén allá en el horizonte. En la isla el arte se expresa, con creatividad y simpleza, sus materiales preferidos son la madera, la paja, el bambú y las telas, que bonitas quedan las palmeras llevando en sus troncos vestidos de seda. Cuando el cielo se cubre de oscuro, el reflejo de la luna baja su camino al agua, invitando a los enamorados a subir para pasear por ella. Estructurados con caña y revestidos con lienzo, los faroles encienden corazones. La playa es activa de día, de noche retrasa su descanso. Para una cena romántica, apenas exagero cuando digo que las variantes son infinitas, un ejército de trabajadores, atacan la arena, las luces la siguen mostrando blanca y sobre ese espejo montan y desmontan, cada noche, preciosos restaurantes, butacas de reinas y reyes, mantelería de otro planeta, abundan los decorados florales y las velas dan calor en cada mesa. Los aromas se adueñan del paseo y las olas les tienen en danza con su música. Cuando las cosas gustan, todo va muy de prisa. Termina la cena y empiezan las copas.

Pero hay otros sitios, otras playas, no tan bellas, si ventosas. El viento sopla fuerte de poniente, hasta el punto de sacrificar la costa de ese lado, es allí donde un conjunto de palmeras aguanta la envestida con una nutrida primera línea. La fuerza del aire suele ser tremenda, pero las formaciones de cocoteros se suceden, lo reducen y lo contienen. Naturaleza, contra sí misma, ese escudo de verde viviente, detiene el viento que llega por el Oeste y hace apacible la costa del lado contrario. Sacrificada por su hermana, la playa del viento, durante las horas de luz goza de agradable compañía. El aire es una delicia y los amantes de la práctica del Kitesurf, llegan allí para darle alegría al desolado paisaje. Coloridos aguilones salpican el celeste del cielo, las tablas recorren a buena velocidad la superficie azul y los más experimentados premian a los curiosos con increíbles acrobacias de vuelo.

Un lugar pequeño, lo bueno viene en envase chico, sus alrededores son santuarios para el buceo submarino. Ricos en coral y peces de esos que ni el mejor de los artistas es capaz de pintar tan bellos. Por si eso no fuera suficiente, hay que agregar el atractivo de los barcos hundidos. Aguas de piratas, con fuerte presencia de galeones españoles, escenario naval de la segunda guerra; si la suerte no les ayuda a encontrar una joya de aquellas, en un país donde un día sí y otro también se hunde un barco, sin dificultad encontrarán un amasijo de hierro convertido en reserva marina. Navegar una barca, ver como las aguas acarician el casco y las velas coquetean con el viento es un regalo para el alma.

Ahora que vimos como es el lugar dónde estamos, apagamos los quemadores, el aire se enfría, se hace más pesado y por ende el globo comienza el descenso. –Ya en tierra–:  ¿Os gustó el paseo? Veo en vuestros rostros la respuesta, gracias por viajar conmigo. ¿A vosotros os pasa lo mismo, verdad? Todavía no me he ido y ya extraño el sitio. ¡Hasta el próximo viaje…! Perdón me iba y olvidaba desvelaros el secreto: <>. ¡Hoo…! ¡Qué sorpresa! Siento el aura del alma de la isla susurrar en mis oídos: “Por favor, dile a tus lectores que les espero. En mi Paraíso todos son bienvenidos”.
viernes, 6 de agosto de 2010

Los Caminos de la vida en Filipinas


Vamos a darle un nombre. ¿Qué les parece Lucy? Ella resucita todas las mañanas después del mediodía. Por la noche, su trabajo es duro y conviene descansar.
En muchas ocasiones se introduce en la vorágine festiva que enrola a algunos de sus clientes. Su cuerpo es pequeño, pero bien formado. Apenas llega a los veinte y, en su corta trayectoria  haciendo la vida, los problemas se multiplican.

Hace solo un mes que la necesidad la metió en esto. Terminó de estudiar y de la noche a la mañana decidió abandonar su isla para por algún dinero entregarse a turistas hambrientos. Sus hermanos tienen que ir al colegio, su familia no tiene los medios y en el afán de intentar que en los menores no se repita su dramática historia se entrega a los perros. Paga su habitación como puede en una humilde choza de las afueras. Nunca ve la tele, pasa el tiempo pensando, armando un puzzle con piezas imposibles.

En la discoteca apenas baila; su carácter es serio, no es momento para bromas. Otea el pequeño horizonte que tiene frente a sus ojos oscuros en busca de cruzar una mirada lasciva con ganas de sexo. No necesita amor o cariño. Sólo billetes que le ayuden a solventar la deuda que ha contraído con su casera. Prefiere viejos, feos y gordos con sus defectos asumidos. Pagan mejor, y en breve los despacha. Cuando el encuentro es menos difícil, no la tocan, sólo la observan, esas miradas no las interpreta, con sufrirlas tiene más que suficiente; mientras se desnuda, poco a poco, ellos se masturban.

En su profesión abundan las situaciones duras donde viene obligada a satisfacer fantasías que deshonran nuestra especie. El miedo suele ser su indeseado compañero; cierra fuerte sus ojos y evade. Viaja en su imaginación a su infancia. Recuerda su niñez, cuando creía que la vida era perfecta y su mayor problema era buscar un juguete entretenido para pasar el día, cualquier cosa servía; un palo, una cuerda... “Si ato el palo al cabo, podré arrastrar la carga sobre la arena de la playa, puede ser un auto o un caballo. Sobre el agua quizás un barco.”

La realidad es otra, en este momento, su cuerpo flota dócil sobre la masa de sebo de la barriga de su compañero de pago. Se mueve como una pequeña barca, a la deriva, en un mar agitado. Trata de buscar un ritmo pero no es sencillo. Tiene que hacer un buen trabajo para que su cliente repita. En el oficio la competencia es feroz y sabe que si no encuentra fuerza para lograr el esmero adecuado, en favor de otra, perderá su sustento. Además, este adulto paga bien, la tiene pequeña, eyacula de prisa y jamás protesta.

Trabajó un tiempo de camarera en una cantina de su pueblo. De sol a sol se pasa la vida. Llegaba cansada de dar vueltas, y a la jornada siguiente más de lo mismo. El día de cobro ya estaba todo gastado, apenas alcanzaba para tapar agujeros. Donde hay miseria las malas ideas son agua de supervivencia, así supo como otras muchachas se ganaban la vida. Las voces decían que en los bares de playa se conseguían clientes que pagaban por una noche, lo que ella sacaba en todo un mes de faena. Pensaba: “Qué injusto es el destino”. El suyo si iba a cocer en el fuego de una triste realidad avivada por forasteros, donde los coreanos son los más deseados. Les llaman: “Tres-tres-tres”. Tres, centímetros; tres, minutos y pagan tres grandes.

El buen clima, bucear, en paradisíacos fondos marinos, o mejorar su inglés. Toda excusa es buena, la realidad es otra; llegan en rebaños y pasean despistados: “Crean mercado”. Apenas conocen la noche. Muchas veces se encuentran por la playa con alguna chica y sienten un flechazo. Se enamoran; la pasión puede con ellos y la cogen de novia. El encuentro, difícilmente, haya sido casual y los estímulos son generados adrede para lograr el objetivo culminante. “Si quieres que sea tu novia, tengo que dejar este trabajo y si lo hago necesito una asignación mensual que me permita vivir más desahogada y ayudar a mi familia”.

Casi todas tienen hijos, a veces, los ocultan de sus presuntos prometidos. La carrera es larga y está llena de obstáculos, las más afortunadas logran un buen matrimonio, otras consiguen arañar un salario, hay buena afluencia de ellas a las oficinas de transferencias de la Western Union. Son el género, en el mercadeo del sexo, las que reúnen las mejores condiciones suelen ser favorecidas por varios enamorados, lo que supone, ingresos múltiples; una economía desahogada; y la posibilidad de ayudar a su familia se transforma en una flor en el camino que arrasan las bestias. Abundan las trampas, por aquí la comida no es muy buena, de noche fluye el alcohol y el tabaco, este suma nociva deteriora el cuerpo; su herramienta. Todo va muy de prisa y con el paso del tiempo disminuyen las posibilidades.

Una vida dura donde los problemas se multiplican como setas. Es normal que acumule tensiones, también lo es que necesite a alguien que la escuche, cuando lo encuentra se desahoga, sin poder disimular que hay realidades que no pueden salir de sus adentros.

En la hora de poca afluencia de fieles suele pasar por la iglesia para encender una vela; es que cuando no le quedan monedas tiene que tomarla prestada. “Quizás mañana tenga”, murmura. No tiene prisa, ora y después habla a su Dios desde su conciencia, sabe que él la escucha; le pide perdón aunque tan solo con la comprensión le basta. En la parroquia su fe recoge sosiego que la acompaña a casa. Descansa un rato en la hamaca y se relaja pero el Diablo la despierta, ríe, la avasalla, le recuerda los próximos pagos y la manda al trabajo de vuelta.
viernes, 11 de junio de 2010

Volviendo a las andadas


Que España volverá a la misma operativa económica que funcionaba en el país un par de décadas atrás, parece ser un hecho consabido y aceptado. Volver a ser un país bananero, un país donde el mercado encubierto forma una buena parte de la economía interna parece estar más que justificado en circunstancias como las que nos provocan, en las que los impuestos crecen por todas las bandas y de los que parece no haber escapatoria posible.

El tercer mundo tiene un evidente flujo económico vagando por sus calles, en cualquier esquina se pueden observar amontonados, unos junto a otros, pequeños mostradores domésticos para la venta de productos de primera necesidad, tales como cigarrillos, refrescos, herramientas usadas,... cualquier cosa que pueda ser requerida en un preciso instante por el público caminante. A lo sumo, los propietarios son obligados a pagar una pequeña tasa municipal para ser aceptado como vendedor ambulante, pero jamás tendrán que declarar ninguna de sus austeras ventas. El salario es demasiado ajustado como para andar regalando dinero al fisco.

En España, la evidencia del mercado encubierto pasó a la historia con la entrada del país como miembro de la CEE, pero las circunstancias obligan y si el hambre aprieta, antes de que ahogue hay que buscar soluciones comprometidas. Los vendedores ambulantes de flores, bocadillos, gafas de sol o cervezas, deambulan las calles de las grandes ciudades en busca de los pequeños ingresos con los que subsistir un día más. Muchos pagan su habitación y su comida al día, es impensable para ellos juntar el dinero del alquiler para un mes entero. Además, las circunstancias les obligan a tener que enviar dinero a sus países de origen para alimentar con arroz a sus paupérrimas familias. Al estado eso no le importa, y a ellos no les preocupa lo que piense el estado, tienen que seguir sobreviviendo. O eso, o dejarse caer en una esquina a vivir de la caridad de los pocos compasivos vecinos que se pueden encontrar hoy día entre edificios y asfalto. La guerra está abierta. Una lucha a brazo partido entre estado y mercado sumergido, a la que cada vez se alistan más ciudadanos, porque por muy difícil que pueda parecer el fraude fiscal, el que creó la ley, primero se inventó la trampa para escapar él mismo en caso de necesidad. Naturaleza humana.

Ciudades como Madrid han inventado una falta administrativa con acuse de multa de 750€ para todos los vendedores que deambulen sin licencia alguna por la ciudad, preguntémonos, ¿de dónde la piensan cobrar?, ¿será otra de esas multas absurdas que inventa la administración pública para justificar su trabajo?,  ¿cómo alguien que vive debajo de un puente va a poder pagar semejante fortuna?

Apretar más a los ciudadanos con impuestos y restricciones nunca es una solución positiva. Las circunstancias han colocado en la palestra a socialistas, pero eso no excluye que un gobierno popular haría aguas de la misma forma. Los políticos son el reflejo del pueblo, en este caso pueblo ignorante, así que cualquier tendencia actual condenaría a la misma suerte el camino a recorrer.

Vivir en una sociedad capitalista, compuesta de malos valores y egos absurdos, compromete el tener que saber jugar con esas cartas. Es como una partida de póker. Cuando se tienen malas cartas, hay que jugar al engaño para tratar de ganar, porque en este caso se trata de crecimiento y egoísmo económico. España no cuenta precisamente con ases en su mano, así que la jugada va al engaño. En el caso contrario, jugando con buenas cartas de primera mano, el que no gana la partida es porque no sabe jugar. Estamos hablando en el hipotético caso de que España aspire a situarse entre una de las mayores potencias del confín terrestre, cosa ilógica por otra parte porque, hasta cuando tuvo el poder de gran parte del globo algunos siglos atrás, dependía de otras naciones más evolucionadas a las que siempre sirvió. El error vinculado, simplemente la corta inteligencia de sus monarcas, obispos, políticos, mandatarios y caraduras en general que, vuelvo a repetir, no son más que el reflejo de lo que es el pueblo.

Buscarle soluciones a este complejo entramado se antoja misión complicada, pero se me ocurre algo. Si el objetivo es aspirar a un crecimiento económico positivo que englobe un alto nivel de vida de los ciudadanos, todos puedan tener su piso o chalet, su apartamento de playa y su estudio de montaña para temporadas de esquí, su coche para el trabajo entre semana y su flamante deportivo para el fin de semana, su moto para pasear los domingos de buen clima, sus vacaciones en el Caribe, incluso su velero para temporadas estivales, ¿ por qué demonios no le votan como presidente a un tal Amancio Ortega, o al cual Emilio Botín, o a alguno de esos pocos empresarios de éxito que son capaces de gestionar sus capitales en épocas de crisis como la presente y multiplicar sus valores como la espuma? Ellos harían de España una empresa de éxitos, sin lugar a dudas.

Hace dos décadas, ese país llamado España del que me chirrían los oídos sólo de acordarme, era un país humilde, sin pretensiones ni ostentaciones, en el que la gente se saludaba por la calle, paseaban con los amigos y se tomaban potes en los bares. Hoy es un país oscuro y triste, con objetivos imposibles, en el que todo el mundo se pisotea y menosprecia, se agacha la cabeza para no saludar,...

VUELVAN A SER HUMILDES, NO ME JODAN!!!
martes, 8 de junio de 2010

La Mochila del Aventurero



Es difícil andar por la vida sin mirar atrás, sin acordarte de lo que has hecho y dejaste sin terminar, sin desconfiar de los que te siguen por la misma acera por la que caminas en la oscuridad de la noche, sin la necesidad de juzgar y prejuzgar lo que ves, lo que escuchas, lo que sientes. Cuando empiezas a apreciar la vida de un lugar con los cinco sentidos es con el paso del tiempo, dependiendo de tu predisposición en adaptarte al entorno, a la gente, a los olores y sabores, a la idiosincrasia tan diferente a la que has vivido en tu país de origen.

En la mochila de un aventurero tiene que viajar lo justo, ni de más, ni de menos. Si te pasas con lo previsto, te llevarás fuertes sofocones en una de esas caminatas para alcanzar un destino. Vivir con lo justo es una asignatura pendiente difícil de aprobar. La mayor parte de los viajes se planean con la seguridad de que pasado un mes estarás de vuelta en tu casa, con tu cocina vitro, tu sofá, tu plasma líquido y tu colchón ergonómico, delicioso para un sueño confortable. Mantendrás en tu retina los recuerdos de un par de experiencias pasadas, si es que te aventuras a salir del lujoso hotel en el que te instalas. Mientras tanto, volverás a la rutina de tu vida y soñarás con que el año próximo tus facturas te permitan hacer un esfuerzo económico de semejante envergadura sin tener que volver a pedir una ampliación de hipoteca.

Un aventurero sale de su casa con poco material y muchas ilusiones, con billete de ida, porque se va a vivir a otro lugar muy lejano, con la casa a cuestas, con la obligación de aprender cada día algo que le sirva para evolucionar en su filosofía de vida, con la ventaja de ir agrandando su mundo, que dejará de reducirse a la simpleza de una casa, un barrio, un pueblo, una ciudad, una provincia o un país. Entiende que el mundo es mucho más grande y no tan insignificante, con muchas esquinas que descubrir, mucha gente que conocer. Los dos mil euros de media que se gasta una persona cualquiera en sus vacaciones, el aventurero los tiene que estirar cuatro meses, porque de gastar a ese ritmo quebraría de manera instantánea su economía.

Consecuencia de ello, hay que buscar alojamientos en barrios de mala muerte y comer en restaurantes de dudosa categoría, donde las estrellas Michelin están en los manchones de la putrefacta indumentaria del cocinero. Conviene no mirar en la cocina antes degustar el plato, si no quieres que se te pase el hambre. Es muy posible que veas buen número de cucarachas, algunas de ellas caminarán de manera torpe, hecho de haber llenado bien el buche. También puede deambular entre tus pies algún ratón, que con mala suerte, será rata, en busca de sobras que van lloviendo por obra y gracia del espíritu santo. Forman parte de la fauna urbana. Por la noche, en tu colchón de espuma añejo, recostarás tus molidos huesos después de largas caminatas por donde te encuentres, porque el aventurero no se cansa nunca de investigar, de observar, de aprender. Cientos de mosquitos vendrán a buscar su cena contigo, porque eres sangre fresca y carne de cañón. Con suerte te cambiarán las sábanas cada semana, y si se lo recuerdas, quizás la toalla, que está que apesta y tú no llevas, para reducir equipaje. Cuando salgas a la calle, aprenderás a convivir con malandros y con gente a la que le va la vida empicado, que mirarán atentamente cuáles son tus movimientos, nunca pasarás desapercibido. Alguna puta de dudosa procedencia, entrada en edad y en kilos, se acercará hasta tí a ofrecerte sus servicios. Tienes que ser cortés si la rechazas, ella vive en esa esquina, lo lleva haciendo desde muchos años atrás y lo seguirá haciendo mientras pueda. Tú no eres más que un intrépido intruso. Si eres descortés, quizás ella quiera que te ocurra algo, para lo que sólo tiene que mover un dedo. Cuando te despidas, verás en su sonrisa ciertos huecos negros. Quizás sea falta de calcio y de dentista. No te rías de las desgracias ajenas. Ella usa su dinero para comer, no le llega para más.

Cuando vives lejos, esta es tu rutina, la lucha por conseguir llegar a lugares sencillos, dormir en una cama humilde y comer lo mismo que los lugareños, a no ser que tu economía boyante te permita desarrollar tus aventuras de una forma menos original y callejera, tirando de tarjeta y talonario a diestro y siniestro. Aunque todos sabemos que, por mucho dinero que se tenga, conviene pasar desapercibido, porque si ostentas delante de los pobres, están en su derecho de quitarte una parte, si no todo. Y el todo puede ser tu vida.
La curiosidad por descubrir tu mundo hay que llevarla en la sangre. Los mosquitos lo huelen. Prescindir de comodidades como las que mantienen atados a la inmensa mayoría de los mortales nunca fue fácil. Nadie dijo que lo fuese. Por eso, cuando recibo noticias de gente diciéndome que me envidian, que tengo suerte de conocer tantos lugares, que soy un privilegiado, que cambiarían su vida por la mía sin lugar a dudas,... tengo que decirles que vivir aventuras es duro, te lo dirá cualquier aventurero al que le preguntes. Yo conozco unos cuantos y todos coinciden. Si te enfermas, aquí no tienes a nadie que te traiga la medicina a la cama, ni un zumito para que te repongas. Sudarás la fiebre por tu cuenta y te arrastrarás hasta la calle con tu pedo delírico en busca de remedio para tus males, si es que lo encuentras. Para afrontar el reto de esta forma de vida hay que valer, sentirla y sufrirla, y después de muchos años de aprendiz, quizás algún día llegarás a ser un verdadero aventurero, si las circunstancias te lo permiten, porque llevarás muchos boletos comprados para que así no sea. Y que si te vas en busca de aventura a países como el tuyo, donde todo esté bien y cómodo, donde te costará un ojo de la cara sobrevivir cada mes, tu evolución será en negativo porque estarás pisando sobre pisado.

Si tienes suerte y vas sobreviviendo con el paso del tiempo a tu propia aventura, te darás cuenta que tu conciencia despierta, que te sientes vivo, que lo que ves no se limita a lo que veías desde la terraza de tu casa, que el mundo es demasiado grande y bello como para dejarlo de lado, que mereció la pena emprender el camino de ida.

Pero si no estás dispuesto a sacrificar y pretendes vivir con el mismo tren de vida que en tu patria natal, cómprate una hamaca, la cuelgas en la terraza de tu minúsculo mundo, y te balanceas soñando y leyendo sobre lo que acontece en tu planeta. Llegarás a ser un buen teórico de la vida. Aquí estarías perdido en el primer minuto.
miércoles, 2 de junio de 2010

Sanguijuelas de la vida


A la atención del sr. Botín, el sr. Ybarra, el sr. Rato, el sr. Trichet,... y demás señores y directores de bancos, cajas de ahorros y sucursales financieras que gestionan y dirigen nuestras vidas a su antojo:

Me ha costado diez años de mi vida darme cuenta de que nos venden castillos de humo, de que el ideal de una economía capitalista como la que proliferan sólo es buena para ustedes mismos, de que formar parte de una sociedad piramidal como la que han creado a base de engaño y confusión siempre mantendrá a los mismos cabecillas dirigiendo el rebaño, de que los políticos no son más que torpes marionetas que enfatizan su poder, de que gracias a ustedes, en el mundo cada vez hay más pobres y menos ricos, en lugar de equilibrar la balanza, de que su ambición y sed de dinero y de poder nunca tendrá fin.

La primera vez que entré en un banco, BBVA para ser más exactos, ya me sentí humillado. Apenas tenía veinte años e iba directo a firmar mi sentencia final, ignorante de mis actos. Cuando entras en la cárcel, sabes que no vas a salir en muchos años, quizás por buen comportamiento y buen recluso se te acorte la condena, pero estás seguro que te vas a comer unos cuantos años de talego.

-La hipoteca se firma como se ha diseñado!!! Esto no es Marruecos para venir a negociar por una alfombra!!! Esa fue la respuesta del títere de turno sobre un ingenuo chaval que se condenaba a la horca. Como regalo, el préstamo más caro del mercado.

-Ahora te bajas los pantalones y los calzoncillos, te das la vuelta y te agachas, que quiero ver si te escondes en el culo algo que no me hayas contado!!! Faltó decir.

Fueron pasando los años, los primeros cuesta arriba, con un sueldo ajustado a la abultada letra que había que pagar, sin escapatoria de un trabajo precario e insatisfactorio, con muchos sueños en punto muerto, con la agonía diaria de tener que trabajar para satisfacer la condena, buscando en la letra pequeña de los contratos algún atisbo de luz que nunca existe.

Con el tiempo, aprendí a jugar con su baraja, fui buscando de banco en banco una mejor oferta que sacara a flote mi economía, me convertí en mercenario. Crecía mi ambición y cada vez tenía mejores cartas, alargué mi condena en lugar de acortarla, pero ya estaba en la partida, había aprendido a jugar después de tantas charlas clandestinas en la trastienda de las oficinas de ahorros donde se esconde cualquier juez dictador de largas sentencias.

Pero de un día para otro, los engranajes de mi cabeza comenzaron a fallar. ¿En realidad, es esto lo que quiero? Este es el camino por el que me llevan, cómo me han educado y me han dicho que tienen que ser las cosas, pero ¿es mi camino? Si ni siquiera sé si quiero vivir así o vivir aquí. Sería mucha casualidad acertar con el lugar sin tener que buscar, sin tener que esforzarse por saber y conocer. Creo que nací en este lugar por casualidad, no me gusta el clima, los objetivos que se persiguen, la cara de la gente se ve siempre triste y apagada, ¿por qué motivo tengo que quedarme? Necesito mucho menos de lo que tengo para ser más feliz, para vivir más intensamente las aventuras que me invento, para ir de un lado a otro sin rumbo fijo y con satisfacción de haber vivido, para ir juntando anécdotas que luego contaré a mis hijos, y después a mis nietos, cuando me establezca, cuando encuentre mi pequeño lugar en el mundo, porque ahora estoy seguro de que existe.

Viajando encuentro a gente que vive a su manera, que diseña su vida a su antojo y semejanza, sin verse influidos por los maleantes que pretenden dirigirnos como muñecos de trapo. Gente como Xavi, como Jesús, como Oscar, como tantos y tantos otros que me inyectan ganas de seguir buscando, caminos paralelos que de vez en cuando convergen y fluyen acontecimientos, sabiduría de tantos pensamientos proclives a uno mismo, con un mismo objetivo, pero tan distintos.

Así que ahora comienza la cuenta atrás, señores del jurado. Pienso redimirme de mis pecados anteriores, no volveré a hacer caso a un puñado de borregos humanos que son los que mandan, sin tener ni puta idea de lo que es la vida. Voy a ser bueno, a ser un recluso ejemplar, porque no quiero seguir jugando en esta partida que apesta. Quiero acortar mi condena, salirme del lío de faldas en el que me metí ignorante y borracho de juventud y ganas.

Los termómetros indican claramente que el sistema no funciona, que el castillo de naipes se desploma si tocas la mesa, que los castillos de humo desaparecen de un soplido, que lo que creaste con muchos años de esfuerzo se derrumba de la noche a la mañana, que los sueños verdaderos y por los que merece la pena luchar no se compran con dinero, y que la vida es única y hay que vivirla como tal, sin desperdiciar un instante de tu tiempo en pensamientos vanos e improductivos que desaparecerán cualquier día cuando despiertes, llenándote la tráquea de un regusto amargo que nunca más desaparecerá.

Así que señores mandatarios de nuestro dinero y nuestras posesiones, hagan el favor de tratarnos bien mientras pertenezcamos a su secta, que somos quienes les dan de comer y les llenan los bolsillos, los que permiten que mantengan su estatus social y económico, los que pactan con el diablo a costa de cumplir algunos de sus efímeros sueños.
martes, 25 de mayo de 2010

Leoneses por el Mundo

Cuando viajas por el norte de Colombia y quieres atravesar la fascinante selva del Darien, lo aconsejable y aconsejado es que lo hagas en barco desde Turbo para evitar caer en manos de alguno de los frentes paramilitares activos que operan en el país sudamericano en pos del dominio del negocio de la coca. De la misma forma que cuando viajas por el Sahel más occidental y se quiebra tu suerte, puedes dar con tus huesos en una celda improvisada donde guardan sus tesoros los presuntos de Al Qaeda.

No cabe duda que si paseas por las fabelas de Rio de Janeiro, en un momento muy dado y desafortunado puedes verte envuelto en un tiroteo de fuego cruzado entre narcotraficantes y ejército. Si te dejas caer entre Uganda y Ruanda, el interminable conflicto entre Hutus y Tutsis puede complicar tu feliz existencia. Del mismo modo que si vacilas con tu velero en aguas cercanas a la costa somalí, el hambre de dinero y la sed de venganza de los piratas africanos te retendrán como rehén inofensivo en algún perdido monte de las cordilleras de su país en espera de que paguen tu recate, su única fuente de ingresos activa. Si pateas alguna calle del País Vasco y estalla un artefacto explosivo, puedes verte perjudicado, de la misma forma que podía ocurrirte en Irlanda hasta hace muy poco tiempo. Si sales a la calle un día de ventisca, una teja te puede caer en la cabeza y abrirtela al medio. Tuviste mala suerte.

Algo similar ocurre en Zamboanga, ciudad sureña de la isla filipina de Mindanao, a la que todas las embajadas desaconsejan viajar. En ella opera Abu Sayaf y diversos frentes islámicos en su lucha por la liberación e independencia de la isla. Los insurrectos se esconden en las cercanas islas Jolo, sobre todo en Basilan, donde una base americana instruye al ejército filipino en la lucha anti terrorista.
A estas lejanas tierras llegó el padre Max Rodriguez, natural de León y perteneciente a la orden de los clairetianos, hace unos cuarenta y ocho años, y aquí se quedó. Las respuestas a las preguntas del porque de su decisión sólo las conoce él. Supongamos que casi medio siglo de vida conviviendo en esta comunidad dan para rellenar las hojas de varios libros.
Uno de los continuos apagones de luz que sufre la ciudad le obliga a abandonar su despacho, y descansa en una mesa de escritorio junto a su secretaria, con varios periódicos del día delante de sus ojos.  El despacho es sencillo, sin nada ostentoso que obligue a pensar que la parroquía mueve mucho dinero. Los mismos muebles generación tras generación.
Habla de política, del nuevo presidente y de sus promesas de acabar con la corrupción. Aquí todos son escépticos respecto al tema, quizás una nueva maniobra para ostentar el poder. También menciona a Abu Sayaf, al trasfondo político del conflicto y al enfrentamiento religioso cristiano musulmán. Dice que Zamboanga nunca será musulmana, ya que tres cuartas partes de sus habitantes son cristianos. Sin embargo, en las Jolo, el noventa por ciento de la población es musulmana, el setenta por ciento en Basilan, y se reproducen sin control de natalidad. Muchas familias llegan hasta los quince hijos.
Critica a Europa con serenidad, con la sabiduría de un anciano que es consciente de que no se equivoca en lo que dice. Afirma que la crisis es relativa a cada lugar y cada espacio de tiempo. Es una crisis moral más que económica. Si en casa quieren tener cuatro coches en lugar de los dos que se tienen hasta el momento, si que hay crisis. Si se quiere tener tanto dinero en la cuenta corriente, luchar contra el dólar, aspirar a más y no se consigue, los telediarios y los periódicos hablarán continuamente de crisis. En Europa la comunidad es cerrada, el progreso les aparta de sus vecinos y familiares. Se crean individualismos.
En Filipinas hay gente que come una o ninguna vez al día. La tierra produce lo suficiente para que la gente no muera. Aquí sólo viven los que son muy ricos, los demás habitan. Los pobres se endeudan con los ricos y pasan toda su vida trabajando para pagar los préstamos, con unos intereses  arrolladores.
Sigue votando en España por correo desde Zamboanga, quizás el único habitante español que habita estas tierras. Su corazón es filipino. Aún así, intenta estar al tanto del telediario de la primera en la hora de la cena, y cuando puede visita a la familia que le queda en tierras leonesas.
Cuando estoy a punto de marchar, aparece un hombre con una receta médica en la mano. Pide dinero. Mientras trata de convencer a Max con tiernas palabras, le hace un cariñoso masaje en la espalda, en señal de agradecimiento por volver a brindarle la oportunidad de comprar la medicina que tanto necesita. La secretaria mete la mano en el cajón de su mesa y saca el dinero. En la comunidad se apoyan. En Filipinas, los pobres ayudan más que los ricos.
lunes, 17 de mayo de 2010

Mr. Smith afloja billetes

Algunas veces, sentado en un bar de mala muerte, de cualquier barrio de mala muerte, de esos que tanto abundan por el mundo y que tanto nos gustan a los viajeros autónomos y autodidactas porque nos venden cerveza barata, te dan ganas de estamparle la botella en la cabeza a algún guiri de mala vida y hacerla añicos en su inservible azotea.

Según va avanzando la cuenta, que no siempre es directamente proporcional al número de birras que te bebes, tus oídos captan datos cuanto menos inverosímiles, de los que sientes la necesidad de contrastar por tratarse de acusaciones arriesgadas.

Acaba de pasar Mr. Smith, incipiente y respetable hombre de negocios en su barrio londinense, donde todos lo idolatran por haberse forjado una existencia fructífera en cuanto a poder económico. Sus hijos lo veneran como buen padre, su mujer como buen marido, hasta su perro le lame la mano en señal de agradecimiento por los buenos cuidados. Los vecinos lo envidian por su coche, por su casa en la costa de España, donde suele ir con su familia a pasar sus temporadas estivales. Durante el año viaja de un lado a otro del mundo, gestiona compras y ventas por todos los confines de la tierra para seguir manteniendo estable el desarrollo de su cada vez más ostentosa empresa. Le gusta comprar barato para vender caro, y se jacta ante sus compatriotas europeos de sus buenas y rápidas gestiones. Pongo los billetes y convenzo.

Es el mismo método que utiliza cuando sale por la noche. El mismo y sencillo método de mostrar los billetes. Lo lleva haciendo muchos años. No lo hace de cara a la galería, porque le gusta guardar las apariencias, las mismas que le hacen respetable ante su familia, ante sus vecinos londinenses, ante los miembros de su plantilla. Depende del grado de alcohol que corra por sus venas, aumenta o desciende la edad de sus víctimas. Esta noche, unos cuantos litros de cerveza recorren su flácido cuerpo. Quizás hagan falta unas dosis mayores de viagra de lo que viene siendo habitual. Pero la víctima se antoja menor de edad. Entre cuarenta y cinco y cincuenta años menor que él si es posible. Del precio no hablamos. Lo que haga falta. Al fin y al cabo, el poder del dinero se hace más fehaciente aún si cabe en algunos lugares obligados a sobrevivir en el día a día, en algunos hogares humildes, en algunas familias tan pobres que por necesidad se ven obligados a vender a sus propios hijos, para que bastardos como Mr. Smith culmine su buena noche de goce y disfrute tras una jarreada de algunas docenas de cervezas a lo largo del día. En definitiva, ¿que supone para un tipo de negocios que amasa en su cuenta corriente un millón de libras y varios millones más en propiedades, un par de billetes o tres de mil pesos de los tantos que guarda en su sucia cartera?

Me pongo a pensar en la niña, con certeza virgen, en la posición que la coloca sus vomitivas fantasías sexuales, en su momento de amargura y agonía sin estar segura de lo que está ocurriendo, en su pérdida de inocencia, entrará en un mundo sin retorno, cuando vaya al parque no será lo mismo, quizás no pueda volver a mirar a sus amigos con la misma cara, todo por la culpa de un par de billetes o tres que con mucho, solucionaré el penitente apetito de su familia durante algunos días en el mejor de los casos, o quizás permita a su padre emborracharse con ginebra y apostar lo que le sobre en el bar de la esquina, en el peor de los casos.

Pero Mr. Smith seguirá viviendo con su misma cara, con su cartera repleta que día tras día engorda, permitiéndole dominar su mundo a su antojo. Volverá a su barrio de Londres y será respetado, su familia lo idolatra como buen padre como buen marido, su perro le lame la mano cuando le da de comer. El mundo a sus pies. Mr. Smith se multiplica día a día. Puede llamarse Mr. Turrón o Mr Mcallister, Mr. Scabolini o Mr. Chuang, pueden provenir de un barrio de Madrid o de Edimburgo, de Milán o de Seoul, ellos siempre serán bien aceptados y tratados como señores, no porque lo sean, sino por sus billetes.

Pero viajando, en uno de estos barrios de mala muerte, cualquier día puede topar con alguien con la vida suficiente para poder leer entre líneas, para descifrar el juego macabro que Mr. Smith se trae entre manos, con su doble cara de dr. Jekyll & mr. Hyde, y se levantará de su silla cuando estén compartiendo cervezas y le estrellará una en su frente, en el mejor de los casos, o pagará a unos malandros callejeros unos pocos miles de pesos para que cuando vaya dando tumbos camino de su hotel, le rajen la vena aorta del cuello y liberen al mundo de lacras como esta, en el peor de los casos. Quien a hierro mata, a hierro termina.
El mundo está contaminado por el dinero. La inmensa mayoría del mundo idolatra a la inmensa minoría porque poseen dinero, directamente proporcional a poseer poder. Con el dinero se consigue lo que se quiere. Para poseer dinero habría que saber compartirlo, pero no es requisito indispensable. El que lo tiene lo exhibe, por eso ahora, por todos estos confines donde apenas lo hay, todos los de piel blanca lo poseemos y somos blanco habitual. Por el hecho de que la inmensa mayoría de los que viajan lo exhiben, muestran su privilegiado poder ante los que no lo tienen.

Apenas te encuentras viajeros a la vieja usanza, de esos que se mueven por el mundo como impulsos cardíacos, con ganas de descubrir, con ganas de vivir e impregnarse de las culturas del lugar, la mayor parte de los que se permiten el lujo de viajar llegan a un lugar a exhibir su poder en poco tiempo y se van. Nadie vive ni trata de hacerlo. Casi nadie está mejor dicho.

En tiempos remotos imagino a los viajeros emprendiendo su viaje a ninguna parte, a un lugar desconocido y oculto, con cuatro cosas en el petate, lo justo y necesario para sobrevivir a la aventura, de camino de ida e incierta vuelta, con pasión por conocer lo desconocido. Los viajeros de ahora van exhibiendo su poder, contaminando lo que tocan y por donde pasan, transformando lo original en deshonesto. Para ir así por el mundo, mejor si te quedas en tu barrio y contaminas tu vida. Decía el Che en alguna de sus geniales frases, si dejas que el mundo te cambie, conseguirás cambiar el mundo.
lunes, 10 de mayo de 2010

El Imperio Contraataca


Shanghai es una de las urbes más pobladas del mundo. En ella se amontonan millones de personas, millones de bicis para trasladar a las personas de un lugar a otro, miles de autos de los miles de afortunados dueños que han hecho valer en su vida uno de sus sueños, cientos de miles de autobuses para trasladar a las masas, cientos de miles de pequeños negocios con los que sobrevive la gente,...

En definitiva, miles de millones de sueños acumulados que se van dilapidando día tras día en la rutina de la insatisfacción de la vida.

No se respeta nada, la espera desespera. Todos intentan disimular lo más mínimo para adelantar a su enemigo, es así en la guerra. Codazos y carreras son armas habituales en territorio chino. Todo el mundo tiene prisa por no perder el tren, por llegar a su destino pasando y pisando por encima a los demás. Noto como me miran de lado, extrañados porque no hago movimiento y les dejo. Para mi pienso, “estuve donde os dirigís y no me gustó lo más mínimo, no compito nunca más en la vuestra”.

Los semáforos no existen. Siempre es verde para los autos. Conviene no arriesgar en el paso de peatones, el chino conductor abusará de superioridad y no parará, mostrando una absoluta prepotencia. La masa se acumula para ver el espectáculo del bund. Los grandes edificios de la ciudad, el poderoso y emergente imperio económico chino se ilumina.

Desde la orilla opuesta, la masa disfruta del espectáculo. Se saben pasajeros de la misma apisonadora. Algunas grúas sobresalen en las alturas, mostrando los nuevos proyectos de mayor envergadura. La masa disfruta de su poder con orgullo. Se ven los futuros amos del mundo.

La ciudad no es muy diferente a cualquier otra apestosa ciudad que afloran por los cinco continentes. No se observa un plan urbanístico en condiciones, por lo que por cualquier lado afloran rascacielos como champiñones. Los autobuses urbanos utilizan un nuevo sistema de alimentación que no vi hasta ahora. Se recargan de energía con un cable que conecta el vehículo al sistema eléctrico de algunas calles céntricas. El cableado se vuelve caótico.

El mismo caos tapona a la masa en el bund. No hay suficientes accesos al paseo para observar el espectáculo. Tampoco suficientes accesos para bajar después de verlo. La masa queda taponada durante horas. No se respetan los carritos de bebés, ni las mujeres embarazadas, ni los ancianos, sólo valen los codos y empujones. La enfervorizada masa retorna a su casa tras ver la misma película de todos los días. La masa tapona las calles, bloquea a los coches, a sus pacientes conductores, a los desesperados policías de tráfico, a las entradas de los negocios, a la entrada del metro, al detector de explosivos, a los vagones abarrotados,... la masa no respeta, entra primero sin dejar salir antes, corren a conseguir un asiento, un preciado hueco que les corresponde por lo que pagaron.

La mitad de los habitantes del mundo se amontonan en las ciudades. De ahí el lema de la exposición universal de 2010, “Mejor ciudad, mejor vida”. El trabajo en adelante, mejorar las infraestructuras para que la masa disfrute de mejores espacios públicos para desarrollar su vida, transportes más cómodos y rápidos para acceder a sus obligaciones y ocios, más planes sociales para satisfacer las necesidades de los más desfavorecidos. Lo mejor que veo en este lema, sin lugar a dudas, es que la mayor parte del mundo pertenece a la otra mitad de sus habitantes que no reside junto a la masa, que se mueve de forma autónoma, por su propio camino, muchos de los cuales no persiguen los mismos objetivos ni tienen los mismos sueños que la mayor parte de la masa. El mundo es muy grande, pero a la vez es como un pequeño pañuelo. Recorrerlo es cuestión de tiempo, cuestión de gustos. La masa prefiere no hacerlo, pelear toda una vida por sueños materiales que no llegará a realizar, principalmente porque la ambición del ser humano nunca termina y nada es suficiente.

Las personas más inteligentes que encontré en mi vida las conocí en la selva, entre árboles, nunca entre edificios. Ellos entienden a la perfección las leyes de la naturaleza y las respetan. Viven en armonía con ella. No están apenas contaminados por obsesiones capitalistas. Consiguen lo que necesitan y les es suficiente. Lo sacan de la tierra y el agua, de los árboles y las plantas, de los ríos y los mares. Y viven felices. En las ciudades todos agonizan impacientes por conseguir lo inmerecido, por quitar a los más necesitados una pequeña parte de lo que les pertenece.
martes, 4 de mayo de 2010

Cuentos Chinos en Shangai

Ni cuentos chinos, ni películas del oeste. Los medios de información casi siempre mienten. Tienen esa buena costumbre, mantener al pueblo engañado. Mienten en favor del que les paga, callan en favor del que les manda. Digo casi porque tengo algún amigo en la lista al que pretendo rescatar, pero sin lugar a dudas es el mejor conocedor del asunto.

Todas las entradas vendidas para los primeros días, se vaticina un hormiguero humano, un holocausto caótico, un acontecimiento sin precedentes en la historia, con una inversión que dobla a la realizada para los juegos olímpicos de Pekín, que según fuentes del partido comunista se multiplica por infinito.

Ciento ochenta y nueve países de los cinco continentes participan en la expedición. Se espera una asistencia masiva de más de setenta millones de personas, noventa y cinco por ciento de chinos y el resto extranjeros, entre el 1 de mayo y el 31 de octubre que dura la muestra.

Pero se ve que sólo son estimaciones, porque, ¿dónde están los parkings repletos? Apenas han conseguido ocupar el de la entrada número uno hasta la mitad, de las diez inmensas explanadas   preparadas para la ocasión en los alrededores.  ¿Quién hizo los cálculos? Lo que más se ven son voluntarios, que en China abundan. Brazalete rojo y a vigilar por las calles. A los de la expo les han asignado un uniforme verde y blanco y han colocado a uno cada tres metros aproximadamente. Se ven más que visitantes.

A Europa llegan informaciones tales como que está siendo un rotundo éxito, aforo completo, no cabe más nadie,... cuando yo llegué, todo estaba vendido. Imposible comprar entrada, no se encuentran. Tras media hora de insistencia y mostrar sendos billetes de color rojizo, la entrada aparece como por arte de magia. Parece que se cayó alguien de la lista.

Que ciertos pabellones se llenen de chinos curiosos como el de Japón con su monje Jianzhen, el de Dinamarca con su sirenita o el de España con su gloriosa exhibición de mimbres de colores, no quiere decir que no entre ni un alfiler más. España se ha cubierto de gloria con una inversión de 23 millones de euros, en plena crisis financiera, que pagan los ciudadanos más humildes. En su cesto de ropa sucia y con uniformes para staff diseñados por José Miró, ha conseguido encandilar a los chinos a golpe de abanico de bailaora flamenca.

Bigas Luna es el artífice de lo que acontece en la sala 1. Alude a la fuerza creativa de un país desde lo esencial, lo primitivo, desde la misma tierra, con unos huesos colgados del techo. Un sello personal que no pasa desapercibido para propios y extraños. Mezcla el flamenco con la prehistoria, el pasado morisco, Picasso, los sanfermines y finalmente el deporte, donde incluye la aparición estelar de Gasol y Nadal. Seis minutos que dan para mucho. Se intuye su toque personal, mezcla de locura e ingenio, con una fantástica explosión de colores.
En la sala 2 se aprecia una combinación de gigantescas pantallas en distintos planos, alturas y ángulos de proyección, sobre las que Basilio Martín Patiño traza un enrevesado retrato entre irónico y tierno, utilizando imágenes de archivo y de rodaje, con el que más que explicar nada, trata de emocionar al público chino carente de referencias.

Un bebé gigantesco preside la sala 3. Es de fabricación yanqui y no para de llorar, incluso llueven pompas de jabón. Mide seis metros y medio y acojona más que otra cosa. Unos bebés proyectados sobre telones a tiras reciben a los visitantes de la sala anterior con un “hola” y “nihao”. Isabel Coixet es la encargada de gestionar este último espacio, donde se evoca según ella, a los deseos y sueños, de cómo imaginan sus ciudades del futuro, sus casas, espacios públicos, energía, transporte, alimentación,...

Hablando con una persona de staff del pabellón de Venezuela, el cuál permanece cerrado tras los primeros días de inauguración, me confirma lo que imagino: “Todos vinieron aquí a vender hermano, todos menos nosotros, que vinimos a trabajar sobre la conciencia de la gente”. Esperemos que cuando empiecen tengan éxito.

La Expo universal se creó hace unos 150 años para divulgar costumbres, cultura, formas de vida, economía,.. de los distintos países que habitan en los cinco continentes. La sensación actual es que en la mayor parte de los pabellones se vende turismo. Aunque no se qué turismo van a vender, si es que los chinos van a otro país es a trabajar. Todavía apenas existe la palabra vacaciones en sus diccionarios.
En definitiva, cuentos y leyendas en la China, manipulaciones varias que ocultan la verdad no deseada. Los trapos sucios del comunismo se limpian en casa.
miércoles, 28 de abril de 2010

Me tocó la china

La llegada al aeropuerto de Hong Kong destila aires de sofoco. La humedad abre todos los poros de tu cuerpo. Los buses ingleses que no quieren en su islote los burgueses sajones cuando se quedan anticuados y contaminan en exceso, los mandan aquí a morir. En uno de ellos me dirijo hacia la city.

De camino puedo observar gigantescos edificios cercanos al aeropuerto y al puerto mercantil, también gigantesco en número de grúas por lo que se ve. La noche va cayendo y llegando la hora azul. Las farolas comienzan a iluminar los exultantes puentes que comunican Hong Kong con la península, gigantescas infraestructuras al más puro estilo primer-mundista. Ingeniería punta como aquel que dice. Se ve que un grupo de colonos más desarrollados que los autóctonos estuvieron haciendo negocios por la zona.

La ciudad parece muy grande, más a lo alto que a lo ancho. En algún apunte que tengo por aquí leo que tiene más de siete millones de habitantes. Es una explosión de luces multicolor en carteles suspendidos en cualquier parte. Las mejores marcas del mundo rubrican su firma de forma más o menos original.
Hasta los pequeños comercios cuelgan sus luminosos de lado a lado de su calle.

– Watches, watches, hachis sir?
– Pero no jodas que aquí también fabricáis porros!!! Y me vais a venir a tentar ahora que los tenía casi olvidados!!
Eludo la tentación como puedo y continúo mi camino.
– Busca hotel señor?
– No gracias. Ya tengo uno reservado.
El muchacho no desiste y me agarra del brazo para llevarme donde él pretende. Esto es la guerra!!

Cantidades inhumanas de gente pululan por las aceras, apenas nadie respeta los semáforos, ni peatones ni conductores, pero todo fluye.

Más watches, más hachis!! Pero cuanta gente vive de lo mismo? No entiendo bien lo que ven mis ojos. Por un lado una ciudad cosmopolita. Al mismo tiempo, otra tercermundista. Algo bueno que se aprecia a simple vista: una tremenda fusión cultural, la mayoría chinos, como es lógico, con los que cohabitan africanos, hindúes, europeos,... cualquier tipo de nacionalidad se puede ver por la calle. Cualquier lugar es bueno para abrir un pequeño negocio. Hay que subsistir, hay que buscarse la vida como sea.

La ciudad está viva. Corre sangre por sus calles. Es más mi estilo de vida. Descontrol y desconcierto, aunque la veo demasiado europeizada, los metros cuadrados están a precio de oro. No en vano, los inquisidores que pasaron por aquí dejaron su huella bien marcada. Intentan hacer negocio de todo, te cobran la propina por adelantado, algo que detesto. Sólo dejo propina si me gusta el servicio. Y no me gusta que me la pidan.

Comparto habitación con dos chicas europeas. Vienen de un viaje largo, ocho meses, la última parte una larga estancia en Australia. El hotel es una mierda, una auténtica mierda. La habitación minúscula y sofocante. Tienen ganas de irse de vuelta a Europa. Su avión sale mañana. Espero que sus últimos días no malogren su optimismo. Las cucarachas tienen parte de culpa. Son tamaño bigmac. Cumplen su función y se comen la mierda que encuentran. Mantienen el entorno limpio.

Mcperros y Storbas coffees por todos los lados. Das una patada y salen diez. O más. Vaya mierda de comunismo. Si yo mandase aquí, estos no estaban. KFC como no. Y digo yo, ¿pero no se puede comer pollo sin que sea KFC? Yo lo suelo comer en algún puesto callejero y está cojonudo. El rebozado se le parece. ¿No se pueden montar una franquicia que se parezca a Mcperro? Si hace falta se pone un payaso, no es problema. Hay muchos en el circo. ¿Tanta pasta le deja al partido, al régimen? Menudo régimen de mierda. Me ha sentado mal. Es como si llego a Cuba y me encuentro con un Mcperro. Pues le dan por el culo a Fidel. Si defiendes unos ideales, defiéndelos.


A vida o muerte. No seas cafre y te vendas al mejor postor, que para algunos quedarás como una auténtica basura. ¿O es que lo único que cuenta en la vida es el dinero? Puro y aniquilante capitalismo, que convierte a las personas en máquinas de aplastar cabezas de vecinos para ascender más rápido en sus pretensiones. Es como de pronto, mañana os escribo diciendo que retiro todo lo dicho, que el tal Zapato o el Rajas, presente y futuro presidente de ese país aburguesado en el que vivís, me proponen un trabajo . Un buen trabajo perfecto para mí. Cinco mil euros mensuales. Qué diríais? Que soy un bastardo, un vendido. Con toda la razón. Tranquilos que no os voy a dar la oportunidad de decirlo ni aunque vivamos juntos en las seis vidas que nos quedan.

Acabo de llegar y me huele a chamusquina. A puro capitalismo encubierto, tras el rostro de un comunismo idealista que un día quizás fue, pero que dudo mucho que vuelva a ser. Poderoso caballero es DON DINERO.

domingo, 25 de abril de 2010

Reflexión desde la taza

Aquí estoy, delante del pc bebiéndome unas birras bien merecidas y sintiéndome culpable por estar en el proceso de adquirir un ligero pedillo antes de irme a dormir. He pensado que sería bueno hacer un pequeño kit-kat de reflexión en el blog, ya que es mío y escribo lo que me da la gana, pero ahora va a tener que ser con la ayuda de Juan, porque el régimen comunista opina que puede ser perjudicial para sus intereses dejar al descubierto una página como blogger y todos los blogs de opiniones personales y libres que soporta. Castro en Cuba no ha sido capaz de llegar a tal punto y algunos cubanos contrarios al régimen expresan sus ideas por mucho que le pese al todopoderoso.

Ahora que las reflexiones en la taza son más rápidas, de que ya no tienes la tapa calentita para cuando te sientas, el antibacteriológico para desinfectar y sobre todo el chorrito de agua a presión, regulable tanto en presión como en temperatura, confieso que la vida me ha cambiado. No se si a mejor o a peor. Por supuesto que cagar ya no va a ser lo mismo. Faltaría más. Y el que lo ha probado y opina lo contrario, miente. Y si no que se lo digan al fantástico Marín, que de sufrir estreñimiento rutinario y diario en su vida toledana, paso a visitar el trono entre tres y cuatro veces al día. ¿Alguien es capaz de entender ese cambio de actitud?

Bromas aparte, el otro día me encontré en el facebook con un amigo de la infancia. Nos conocemos desde enanos, pero no nos vemos mucho. En nuestras últimas coincidencias públicas, siempre hemos compartido unos porrillos y unas risas, que nunca vienen nada mal, ni lo uno ni lo otro. Le preguntaba que era de su vida, y me dijo que estaba de director en una sucursal de un banco importante español. No jodas! Que tuviste que hacer para estar ahí si todavía no tendrás ni treinta años!- le pregunté estupefacto. Y con una sorna y seriedad de individuo encorbatado que soy capaz de imaginarme desde la distancia, me responde:

– Muy fácil tío. Tú ya sabes cómo es esto. Cuando viene la gente sólo tengo que largarles el mismo cuento que a todos, y después decirles... ande, firme ahí debajo sobre la línea de puntos, que de lo demás ya me encargo yo, jeje (el jefe lo agrego yo).
– Pero, con el compromiso que has adoptado en tu nueva vida, habrás dejado los canutos no?
– Que va macho, he cambiado casi todo en mi vida, soy un capitalista voraz que se ha metido en el sistema a pegar dentelladas a diestro y siniestro, visto como ejecutivo, tengo una apariencia seria,... pero los porros es prácticamente lo único que conservo de mi anterior vida.
– Vaya, yo me he ido a una vida más bohemia que antes he dejado de fumar, el alcohol, hago ejercicio casi a diario, y también he dejado de vestir bien. Como cambian las vidas en poco tiempo cuando les obligamos a hacerlo...

El me dio permiso para transmitir esta entrevista a todos ustedes, aunque paso de desvelar más datos. Como dice mi amigo Iban, todos los secretos no se pueden contar. Pero yo cada vez que pienso en que me tengo que morder la lengua, me hago heridas. Estoy en el mercado desde antes de los veinte, que trabajaba mientras estudiaba para sacarme unas pesetas de aquellos años en alguna mierda de fábrica en la que me destrozaba las manos, y encima tenía que dar gracias. Pronto me di cuenta de la situación y empecé a buscar un camino alternativo que me sacara de la vida en la que me iba a meter siendo consciente. Poco a poco crecí, eligiendo bien los caminos y echando pulsos a todo lo que se me ponía por delante. Tengo amigos y enemigos por muchos lugares del mundo, algunos han crecido a la vez que yo, están bien situados en bancos, inmobiliarias, televisiones, periódicos,... e incluso me consta que algunos leen el blog. Y les gusta. Les considero gente inteligente (a los amigos y a algunos enemigos) que han sabido llegar donde están por méritos propios hasta donde yo sé, de puertas para dentro vete tú a saber. Todos saben igual que yo que este mundo está hecho una mierda, y que no va a ser fácil cambiarlo. Y menos si cada uno va a lo suyo.

En España pasa algo muy gracioso desde tiempos inmemoriales. Hay una división en su sociedad, una brecha abierta que hace a la gente remar cada uno hacia un lado. Se heredan las creencias políticas y religiosas en el ámbito familiar, cuando en realidad es poca gente la que tiene idea de religión y no digamos de política. Quien no ha escuchado decir en su entorno, “Tranquila abuela, yo te preparo el voto y venimos a buscarte para que vayas con nosotros” o “Yo voto lo mismo que mi difunto marido votó toda su vida”. Lo que parece que nadie se da cuenta es que todo es la misma porquería, las mismas ideas obsoletas año tras año que no funcionan y hacen que la sociedad no evolucione. Así que cada uno sigue remando en distinto barco, y mientras esto ocurra y no haya un consenso, no hay evolución, eso queda más que claro. Para evolucionar en un país sin recursos como es España hace falta gente inteligente, lo que brilla por su ausencia. Los hay, pero son los menos. Yo elijo evolucionar y achico lastre. Nunca voté en mi país, y estoy totalmente convencido de que no votaré nunca jamás. Me voy a remar con quien si tiene ganas de evolucionar, con los que tienen ganas de salir adelante sin luchas tribales que no sirven más que para perder el tiempo. Aún no sé dónde está ese lugar, pero estoy seguro que lo encontraré.

Y como lo importante es uno mismo, y todos somos el ombligo del mundo, si nada cambia, yo seguiré igual de tiburón que todos, me acercaré de vez en cuando a las costas de España por el mediterráneo, pegaré un mordisco con mi poderosa mandíbula y me llevaré mi presa para comérmela lejos y compartirla con quien me apetece, con quien necesita, con quien tiene hambre, porque ahora es así la vida, de poder, de fuerza, de ladrones y avariciosos, y aunque parezca un contrasentido que yo me acerque a esas costas a por comida para saciar mi apetito, es mi terreno, es donde me han criado, donde me han enseñado cómo actuar, primero mis padres, luego los curas y la sociedad, y finalmente, cuando me di cuenta del juego, soy yo mismo el que dirige las riendas.

Así que tener cuidado, si un día os estáis bañando por una de esas masificadas playas del mediterráneo y veis una aleta acercarse, huir, porque puedo ser yo que se aproxima a pegar unas dentelladas y escapar nadando raudo y veloz. Y si no soy yo será algún otro tiburón hambriento y voraz que no dejará títere con cabeza.

Animo a todos, subiros rápido al tren que si lo perdéis ya no vuelve. Y no os equivoquéis de ventanilla, porque igual vais mirando por la que no es. No os voy a decir que no tengáis prisa porque es mentira. No hay para todos, sólo para unos poquitos. Así que.... o veloces, audaces y bastardos... o estáis jodidos.
lunes, 19 de abril de 2010

Quién dice dinero, dice poder


Dice mi primo que como siga criticando de la forma que lo hago a todos los países por donde voy pasando, va a llegar un momento que no me van a dejar entrar en ninguno. Tengo que decirle que cuando eso ocurra, si es que ocurre algún día, que espero que sí, estaré totalmente satisfecho porque habré cumplido con uno de mis objetivos. Para hablar sobre las cosas bonitas y que bien funcionan, lamer culos y comer pollas ya estamos muchos en este mundo. Lo que hace falta es gente que diga la verdad, que no se calle ni debajo del agua, tanto para bien como para mal. Por eso estoy eliminando datos como apellidos, fechas de nacimiento,... de las páginas de contacto social en las que participo, porque tengo ganas de batalla, de meterme en líos y que les cueste trabajo seguirme la pista.

Él se acaba de comprar un plasma sesenta pulgadas, creo que no lo había más grande. Acompañado de una xbox, claro está. Un canuto y una birra después de trabajar, y también se puede decir que es uno de los tíos más felices del mundo sin tener que irse a tomar por el saco, como hago yo. Belén Esteban, el gordo de gafas de la cara redonda que le acompaña, Gran Hermano, Generación NINI, el tal Escassi, que para mí era uno de los tipos que mejor se lo montaba en España antes de irme, acompañan sus momentos libres de ocio. Los fines de semana, una botellita de JB si acaso para amenizar la noche,... y poco más que rascar. Así está infinidad de gente, miles, yo creo que la inmensa mayoría. Le pongo a él como ejemplo porque es el que más cerca tengo. Por no hablar de mi hermano, que lo tengo más lejos, pero es caso aparte. Con todo el cariño primo, tú lo sabes.

Japón es más de lo mismo, el mismo perro con distinto collar. Sí cambian algunas cosillas, pero lo esencial no es diferente. Quizás sorprenda en un principio la majestuosidad de las ciudades, el bullicio incansable de gente, los edificios megalíticos, los ferraris y lamborginis que se ven a cada rato, las tiendas de primeras marcas mundiales de diseño mega exclusivo y precios desorbitados,... todo eso cohabita junto en muchas de las ciudades del país nipón.

Cuando llego a un país que no conozco, además de que nunca sufro yet-lag, todo eso lo obvio. Ni siquiera me interesa. Tengo que llegar más allá, mucho más allá, y nunca sé de cuanto tiempo dispongo. Así que tiro la mochila en el primer sitio que puedo y me pongo a caminar, a recorrer, a husmear, a esconderme, curiosear y analizar pros y contras. Los pros son pros. Lo bueno siempre está bien. Siempre se puede mejorar, pero de entrada, ya está bien. Que más queremos. Hay que ver los contras. Si son graves, si reparables, si se adaptan a mi filosofía de vida, si coinciden con mis valores,... los primeros días siempre hay mucho trabajo que hacer, de síntesis y análisis.

Y para mí Japón tiene un montón de contras insuperables, como los tiene Europa, EEUU, el primer mundo en general. Cuando viajas, cuanto más viajas, te conviertes en mejor viajero, mejor observador, captas más rápido la pura esencia de la vida de cada lugar, más aún cuando la tienes que captar desde el punto de vista fotográfico. El que está viendo mis fotos, y sobre todo el que sabe verlas, como hay casos, se dará cuenta de que no hay implicación, de que hay distancia, las compara con las anteriores de Madrid y ve que a mi me gusta implicarme, y en Japón algo no me lo permite. Quizá el idioma? Quizá los seis meses que son necesarios para superar esa barrera dialéctica? Algo más. La sensación de no encajar, de no sentir, la falta de colores, la visión de un mundo mecánico, perfecto en su apariencia pero resquebrajado en su interior.

En Japón se están preparando para una gran explosión económica. Se prevé en un futuro muy cercano. Son inteligentes. Mucho más que nosotros. El emperador ya tiene un mensaje escrito por sus asesores, para salir a leerlo en televisión a todos los ciudadanos. Juan Carlos I debería ir pensando en escribir algo, porque aseguran la la onda expansiva del tsunami financiero no va a dejar títere con cabeza, ni en Europa ni en EEUU. Así que os animo a que no trabajéis demasiado por levantar algo que se os va a volver a caer en un breve espacio de tiempo. Preocuparos más por buscar otro estilo de vida, otra forma de subsistencia diferente a la que conocemos, a la que nos han impuesto porque sí. ¿Qué no es posible?¿No existe? Sí,claro que sí. Os aseguro que existe. Hay que buscar, buscar y buscar, quizás pasarse toda la vida buscando, a veces para no encontrar nada.

Pero no me llaméis aguafiestas ni tío chungo, o si queréis llamármelo. Yo sólo aviso, que dicen que el que avisa no es traidor. Creo que hay que venir a Japón. Alguien con espíritu viajero tiene que visitar el mundo entero, mamar de todas las culturas lo que le interesa y escupir lo que no interesa. Para mí el mundo es como un inmenso supermercado donde voy comprando de lo que no tengo. En Japón he comprado, claro, pero me pilla en otra fase de mi vida. Hace diez años hubiese comprado mucho más. Pero hace diez años estaba demasiado ocupado en España fabricando billetes para poder estar aquí ahora.

Yo soy un viajero sin madurar aún, en plena pubertad. Apenas conozco veinticuatro países de los doscientos dos que hay actualmente en el mundo. Y eso de conocer, entre comillas, porque a veces conoces un dos por ciento del país en el que te encuentras. Viajar te hace inteligente, como nos explicaba en clase el maestro Momeñe. Lo importante es el viaje en sí. Cuando uno llega a su destino. La vida pierde parte de su encanto.
viernes, 16 de abril de 2010

Regreso al presente

Desde casa de Noriko llego hasta la estación de Namba, coger el tren Nankai line y dirigirme al aeropuerto internacional de Kansai, a unos setenta kilómetros de la ciudad de Osaka, desde donde sale el avión que me tele-transportará a Hong Kong.

A mitad de camino el tren se para en medio de una estación. Voy en el último vagón, donde va una chica controlando la parte trasera del tren. La espera pasa de veinte minutos, y algunos pasajeros comienzan a llegar por aquí con quejas y gruñidos, supongo que llegan tarde donde van. No me entero de nada. Pasados treinta y cinco minutos el tren arranca de nuevo y pasa despacio la estación de Matsunohama. Es el semi-expres. En algunas para y en otras no. Cuando pasa mi vagón por donde se encuentra la gente, un acto reflejo me hace mirar por la ventana. OSTIAS!!!... se me escapa sin querer, al ver el cadáver de una persona tirado en el andén, cubierto por una sábana blanca llena de sangre por algunas partes donde hubo desmembramiento. Nadie levanta la cabeza de sus teléfonos, de sus MP4 o sus sudokus. Nadie habla nunca en tren o metro. Sólo el tipo que va junto a mí, levanta la cabeza un par de segundos, me mira y me dice con sus ojos: “que pasa chico, ¿nunca has visto un muerto?”. Baja la mirada y sigue con lo suyo.

Todos sabían lo que ocurría menos yo. Pero en Japón es normal suicidarse. Unas treinta mil personas se quitan la vida cada año. Metro y tren es la forma más habitual que tienen de encontrar la puerta de salida de la isla. Las islas están rodeadas de agua, de mares furiosos que determinan necesitar dinero para escapar de ellas. Hay cobardes que ven la solución en matarse. Lo prefieren así que intentar huir atravesando a nado demasiados kilómetros de agua. Mejor morir así que morir ahogado, deben pensar. Quizás ni siquiera sepan nadar.

Llego al aeropuerto y me bajo del tren al que subí haciendo transbordo tres estaciones antes. Sigo con el trauma del suicidio que he visto en la cabeza. Soy de pueblo, que le vamos a hacer. Me bajo sin pagar, a la revisora no le da tiempo a cobrarme. Tengo tiempo. Deambulo un poco antes de hacer el check-in. Los mostradores de Air China se encuentran en la parte derecha de la tercera planta. Está hasta la bandera. Espero a que se despeje un poco y me incrusto en la cola. Llego de los últimos. La chica no me encuentra entre los pasajeros. Consulta tras consulta, determina que compré tarde mi pasaje, por lo tanto, el veredicto es.... overbooking!!! Se queda usted tirado aquí como una colilla hasta el próximo vuelo con vacante que sale.... dentro de cuatro días. Una prueba de paciencia que me pone la vida.


Por la noche conozco a Samuel, un chico de Hawaii que viene buscando sus raíces por esta parte del mundo. Su familia vive en Filipinas. Me apetece conocer Filipinas. Quizás me apetezca también conocer Hawaii. Me voy a dormir. Tengo que reflexionar y estoy cansado. Sayonara.
miércoles, 7 de abril de 2010

Juan Hombre, Sensei de Senseis.

El viaje avanza. Han pasado tres semanas y he cubierto las espectativas de todo un año. Salí de Durango con treinta kilos en la mochila, veinticinco de ilusiones, dos de ropa y tres de equipo fotográfico. El caso es que el equipaje cada vez pesa más, ropa llevo la misma, que acabo de lavar, y no me he comprado ni un triste filtro para los objetivos, así que debe ser que las ilusiones van en alza.

Hace un par de semanas me encontré en el aeropuerto de Osaka con el equipo de rodaje que venía a trabajaren una película basada en la vida de Juan Hombre, un profesor de ninjitsu que tras un nefasto accidente de tráfico perdió la totalidad de la movilidad de su cuerpo, extremidades superiores, inferiores, hasta la voz. Un médico amigo le dijo que pasaría el resto de su vida en silla de ruedas. Pero su carácter feroz que aún mantiene le obligó a no rendirse. Primero recuperó la facultad de hablar, con mucho entrenamiento comenzó a recuperar sus brazos, y poco a poco fue recuperando fuerza para afrontar la lenta recuperación de sus piernas.

Sentado en el asiento izquierdo del coche, mientras yo conducía en el derecho, de vez en cuando me recordaba donde estábamos. “A la izquierda por la izquierda”, solía decirme en los momentos que se me iba la hoya y me postulaba kamikaze en contramarcha. Me confesaba que estaba cansado, aburrido de entrenar durante los últimos veinte años para no ver apenas avance en su movilidad, de no poder dejar a un lado las muletas y salir corriendo para subir una montaña y asfixiar a todos los japoneses que le siguieran. Le frustraba ver a gente haciendo ninjitsu, o karate, o cualquier otro arte marcial y no poder unirse a ellos para aprender y enseñar lo que el sabe.

Pero lejos de lo que pueda parecer, el hombre Juan rebosa vitalidad y ganas de vivir. Apenas se le ven momentos de bajón, y si los tiene le duran muy pocos segundos. Siempre que tiene un hueco escribe en su pequeño ordenador portátil que compró por un precio desorbitado en alguna galería del timo que tanto florecen por Europa, o España, o primer mundo ( llámese como se quiera) con la intención de editar su siguiente libro con el que pretende llegar a su público, tanto a amigos como a enemigos.

En resumen, sin comerlo ni beberlo me vi implicado en un proyecto repleto de ilusión, llevado a cabo por el empuje incansable de uno de sus alumnos más aventajados y por el resto de componentes que nos fuimos implicando cada vez más a medida que transcurrían los días. Las expectativas se fueron cumpliendo con creces y el ambiente de rodaje fue estupendo, lleno de risas o ocurrencias de todo tipo, con personajes con caracteres bien dispares que en la práctica congeniaron perfectamente. Y sin el objetivo del dinero como base primordial y fundamental.

Queda demostrado que más allá de toda la mierda de ideales políticos, objetivos económicas y discrepancias sociales, cuando un grupo de personas se une para trabajar con el corazón, la vida fluye alrededor más bonita, con otro color, otro olor, otras sensaciones, no sabe a hierro ni es tan dura como tal.

Desde aquí; Osaka en este mismo instante y mañana vete tú a saber donde, quiero rendir homenaje al sensei Juan Hombre, por echarle dos cojones a la vida, por no arrepentirse de nada de lo que le pasó ni querer cambiar nada que es y tiene que ser, para que siga entrenando por el resto de su vida hasta que consiga mandar al carajo esas muletas que le persiguen, y demuestre a todo el que se ponga delante que de ilusiones también se vive, y que el que no las tenga está jodido.

Apuesto por ti SENSEI.